La noche se presentaba prematuramente ese día, estaba completamente oscuro, solo la Luna podía iluminar ese lugar que se encontraba en medio de la nada, solo esa vieja casa donde estaban dos jóvenes personas. El cielo empezaba a nublarse, todo indicaba una lluvia.
-Deberías ir a descansar pequeña -dijo el muchacho sonriendo.-
-No, estoy bien aquí. Me dormiré cuando tú lo hagas -dijo cerrando las cortinas y sentándose en el sillón.-
-¿Segura? -se agacha y pone frente a ella-: si quieres podemos irnos a acostar ahora, ¿te parece?
-De acuerdo, vamos entonces -sonríe.-
Entonces los dos fueron a su habitación, que se encontraba igual de oscura que todo el lugar; solo se encontraban las cortinas abiertas y la ventana cerrada, para no recibir el frío que era bastante fuerte. La joven se colocó su pijama, el muchacho la observaba con atención mientras la imitaba, ambos se acostaron en la cama que tenía bastantes frazadas.-
-¿Tienes frío? -dijo él mirándola con atención.-
-No, claro que no -mintió la muchacha.-
-Estás más blanca que de costumbre -la abrazó y empezó a lamer su cuello.-
-¡Ah!, ¿qué estás haciendo? -le dijo nerviosa.-
-Nada... -mirándola-: solo te observo y contemplo -rió.-
-¿Qué quieres? -dijo ella riendo- Dime...
-¿Por qué debería querer algo mi princesa? -bajó un poco y besó cuidadosamente su estomago.-
-¡Ah! -se estremeció-: Sé que tu quieres... -No pudo continuar la frase porque él la besó y sonrió.-
-No digas nada por ahora mi niña -bajó nuevamente y empezó a subir su pijama, dejando a la vista su no muy delgada cintura y su par de pechos.-
-Amor... -dijo completamente enrojecida.-
Él no dejó a la muchacha hablar y la besó apasionadamente; luego bajó succionando uno de sus pechos y mordiendo la punta, la reacción de la muchacha se hizo notar de inmediato, emitía sonidos ya conocidos por él, esos que solo saliendo de la boca de ella causaban esa sensación en él, la que lo llevaba a morder con aún más fuerza y lamer el lugar mordido como intentando disculparse si había causado demasiado dolor.
-Me gusta estar así... -dijo ella con algo de dificultad.-
-Amor, no te esfuerces en hablar ahora -dijo mirándola y acariciando su cabello.-
-Es lindo gritar entre tus brazos mi vida, me gusta sentirte conmigo -dijo totalmente nerviosa.-
-Ya, amor -dijo él demasiado rojo-: ahora haremos esto, ¿está bien?
La muchacha movió la cabeza en gesto de aprobación y él empezó a bajar la parte de abajo de su pijama, junto con su ropa interior; cuando la tuvo debajo de si completamente desnuda el rubor de su rostro incrementó, la había visto ya muchas veces así pero siempre causaba el mismo resultado en él. Deshaciéndose de su ropa apoyó su pelvis en la de su amada y con cuidado ingresó a ella. Esta se movió frenéticamente al fuerte impulso y emitió un largo gemido, esto causo mayor ánimo en el muchacho, quien entró varias veces en su amada, dejándose llevar completamente por la pasión que había contenido en su interior.
Truenos se escucharon y la lluvia aumentó la intensidad; la muchacha se abrazó con fuerza de su amado, dejándose llevar por su amor e ignorando el temor por esos ruidos tan fuertes, nunca lo hubiese pensando así, pero en ese momento esos truenos no significaban algo malo, sino la manifestación natural de la pasión de esos cuerpos en el exterior de esa habitación. Asimismo la lluvia emulaba el sudor que corría por el cuerpo de ambos y la humedad que los unía en ese momento.
Él detuvo su acto principal, volvió a mirarla a los ojos y comenzó a pasar su lengua por todos los rincones de su pequeña princesa, llegando a ese punto crítico, donde los gritos de la muchacha incrementarían, dejando fluir eso que normalmente se llama orgasmo . Introdujo su lengua en la intimidad de la muchacha, saboreando de alguna forma uno de los sabores de su amada, moviendo su lengua por todo el sector parecía torturar a la muchacha, quien no paraba de estremecerse y rasguñar con fuerza las sábanas de la cama. Cuando finalmente él se detuvo, subió a mirar el rostro de su pequeña, que se encontraba lleno de sudor, mostrando un rubor explosivo y dejando sentir profundos jadeos.
-Disculpa si fui muy brusco -dijo cansado.-
Ella sonrió y pasó un dedo por sus labios, luego repentinamente se colocó por encima del muchacho y mordió su cuello con dulzura y cuidado; el estremecimiento y encorvamiento del muchacho fueron inmediatos, ella acarició su cabello y besó su mentón, para luego comenzar a recorrer todo el cuerpo, tan viril y voluptuoso. Cuando llegó a dicha parte de la anatomía de su muso inspirador, como solía llamarlo después de mostrarle los dibujos que hacía de él, se dispuso a succionarlo, provocando en el muchacho gritos desenfrenados, acompañados de jadeos fuertes y suspiros largos; la muchacha no se detenía, mientras tomaba con sus dos manos aquella parte del cuerpo de su macho sensible.
Limpiando algo su boca, con una sonrisa diferente a las normales, esta sonrisa mostraba el gran placer que había sentido con eso, la mirada de él no era diferente. El joven se colocó sobre ella nuevamente con un rubor evidente, con cuidado introdujo su lengua en su boca y comenzó a jugar con la de ella, en un apasionado beso que implicaba no tan solo eso, sino que las manos curiosas empezaron a moverse sin parar.
Ambos habían perdido la noción del tiempo y de lo que pasaba a su alrededor, los truenos seguían sonando con fuerza, al igual que sus actos. Él sostenía con fuerza las piernas de su pequeña, mientras volvía a entrar, con cuidado y delicadeza ponía las manos en sus caderas; siempre mirándola a los ojos, esos ojos oscuros que con la poca luz que recibían parecían ser dos perlas negras iluminadas y rodeadas por el fulgor.
La muchacha presentaba un cansancio evidente y él, comprensivo acarició y cubrió con las frazadas; la abrazó por detrás susurrando cosas dulces a su oído. La lluvia continuaba fuerte, los truenos no tanto y la Luna brillaba como nunca lo había hecho antes.