Existe un fuego dentro (de mí) que la mayoría de las veces yace apagado, inmóvil.
Pero, ¿qué hacer cuando pareciera que está consumiéndote?
Un ardor tan profundo, un palpilar tan intrépido, un cuerpo derritiéndose.
El hambre regresa, a niveles que pareciera ser un pecado.
Entonces, ¿será posible?
¿Será posible probar aquello que de ti se desprende?

