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domingo, 2 de diciembre de 2018

(Re)viviendo sentimientos



Después de sentir, tan, tan fuerte, ese sentimiento de tristeza, de miedo y soledad.
Después de ver el deseo tan lejano, tan inexistente, tan vacío.
Después de todo eso, me vi volviendo a desear a un otro.
Me vi ahí, mi cuerpo quemándose en sí mismo, temblando ante lo que mi mente le mostraba, imaginando a ese otro, de frente, tangible, carnal, inexplicable.
Y no entendí, ¿cómo pasó esto? Que hace nada ante mis ojos no eras más que un buen amigo, que por mi cabeza no hubiese pasado la idea de encerrarte en mi cabeza y desearte, que antes nunca cuando me hablabas se me agitaba el pecho, me temblaban las piernas, se me apretaba el cuerpo entero.
Hoy pasa, cada vez que existe la mínima probabilidad de hablar, de verte, de oírte. Sin embargo, me aterra, me paraliza, me inquieta sentirlo. Porque es tan probable que correspondas, como imposible a la vez. Porque no puedo engañarte, y sin querer en cualquier momento te darás cuenta.
¿Qué hacer ahí? No tengo la respuesta.