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domingo, 25 de noviembre de 2018

De frente al espejo

Me encontraba en un Coloquio, maravilloso, por cierto, en donde hablaríamos del territorio cuerpo y de la menstruación, del clítoris, del orgasmo femenino. Temas que muchas veces omití en mi vida, no porque no quisiera saberlo quizás, las dos respuestas que se me ocurren en este momento son la vergüenza y la ignorancia: vergüenza de tocar y conocer mi cuerpo; ignorancia sobre las cosas que están dentro de él y que podía llegar a sentir. Recuerdo que las expositoras en algún momento dijeron que si teníamos la oportunidad de mirarnos la vulva con un espejo, lo hiciéramos, porque únicamente así comenzaríamos a aprender de nosotras mismas y de lo que tenemos.
Han pasado días desde este encuentro, y las ganas de aventurarme en esta especie de misión fueron creciendo con el pasar de las semanas. Mientras lo pensaba, al mismo tiempo recordaba, extrañamente, cuántas personas pudieron ver aquel espacio entre mis piernas que yo jamás había observado. Recordé, torpemente, que cuando había tenido sexo la primera vez ni siquiera sabía dónde debía entrar mi pareja. Me reí, pensaba que me había limitado a muchas cosas por temor o por no saber que podía hacerlo.
Esa noche, todo cambió. El calor era insoportable, al menos para mí, que no lo puedo tolerar. Recordé un espejo que me habían regalado, de esos para sacarse las cejas o las espinillas, tal vez ambas. Lo abrí, con dificultad y me quité la parte de abajo del pijama. Abrí mis piernas y vi mi vello frondoso y crespo, oscuro y grueso. Mis labios, gordos, como la mayoría de mi cuerpo, cubriendo todo. Lo abrí, y ahí estaba, similar a lo que pensaba, rosada y sensible. Pasaron por mi cabeza todas las personas que la llegaron a tener de frente y pensé, ¿qué habrá pasado por su cabeza en ese momento? Era un espectáculo, una nueva experiencia, algo indescriptible.
Luego de eso, sentí un picor extraño por dentro. Me volví a vestir, apagué la luz, y volví a tocar, ahora, y para siempre, con un imaginario de lo que estaba haciendo.

martes, 20 de noviembre de 2018

Fatales estigmas

¿Lo han sentido alguna vez? Que tienen un estigma encima, que no pueden sacarse por nada. En el lado más religioso, se ven como marcas llenas de sangre sobre el cuerpo, en el plano social, es una condición que parece no desaparecer de nosotros. Y así me siento, con una marca que me condiciona.
Y es que, esos antiguos amores lo dejaron ahí. Haciéndome sentir incapaz de volver a querer a alguien más, por ser una atracción fatal. Hoy me invade el terror de llegar a experimentar amor o deseo por un otro, por creer que será igual que las otras veces, que no sirvo para esto, que no puedo tratar de amar porque ellos así lo hicieron ver, que enamorarse de mí es peligroso, porque terminas odiándome con toda tu alma.
Cuando mi corazón retumba mirando la dulce figura de esa persona que, extrañamente he comenzado a mirar de otra manera, más íntima, más versátil, más intensa; cuando mis ojos lo miran, mi alma desea decirle que quisiera probarlo, pero el estigma aparece, el miedo aparece y nuevamente me quedo callada.
Cuánto quisiera poder amar sin creer que no merezco hacerlo.

Kissing by xuanlocxuan.deviantart.com on @DeviantArt

jueves, 1 de noviembre de 2018

Notas a mis verdugos


Que los verdugos se sientan asfixiados en las lágrimas de sus víctimas.
Que la piel les arda en las llamas de una justicia necesaria.
Que el terror los invada, que no se puedan mover, que desaparezcan, que se vayan lejos de quienes lastimaron de una buena vez.