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martes, 25 de diciembre de 2012

La pequeña muñeca


La muñequita de madera estaba ajetreada, pues con tanto que hacer comenzaba a desgastarse. Hizo miles de cosas, caminó mucho, jugó demasiado y no todos los juegos salían del todo bien. Después de una gran cantidad de esfuerzo, la muñequita de manera siguió perfeccionándose constantemente.
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Pequeña –le dijo una anciana de madera: Debes aprender a salir adelante con tu trabajo. Si crees en ti, todo lo que quieras se cumplirá. Si crees en ti, todo saldrá bien pequeña muñeca. No hagas que la tela de tu ropa se destiña. Hazla brillar cada día más.

La muñequita de madera, con vestido de tela roja, asintió con su cabeza. Desde ese día, cada vez que quería hacer algo, se esforzaba aún más. Se había convertido en la muñeca más bonita, la más iluminada. Que tenía las ropas más fulgurosas. Era una gran muñequita. Jugó y jugó, gozando plenamente su vida. No se volvió a sentir nerviosa, ni nada, todo lo que importaba era seguir. Así fue como su vida de muñequita mejoró, siguió bailando, cantando y brillando. Alegrando la vida de todos.

sábado, 15 de diciembre de 2012

II


Llevaba, por lo que sentía, siglos tragando saliva y pensando en eso. Me sentía del asco, no habían palabras para decirlo. Nunca me sentí tan sola, a pesar de no estarlo, bueno, que hayan personas cerca, al lado, detrás de ti no siempre quiere decir que estás acompañada. No sé si me explico.
Tuve unas repentinas ganas de hacer algo que hace años no hacía. Busqué en el cajón y ahí estaban, dos cigarrillos. El hombre con el que salí unos meses fumaba como una chimenea y siempre dejaba sus porquerías en mi casa. Yo odiaba hacerlo, no le encontraba razón alguna; excepto ese día. Tengo una especie de fijación en encender fósforos, me gusta mirarlos prendidos. 

Fue lo que hice y prendí el tubito de mal sabor. Desde que había terminado con el sujeto que mencioné que no fumaba, ni encendía un fósforo. Aspiré el humo, no me gustaba; pero no tenía nada más que hacer.
El olor se impregnó en mi habitación, era de noche y todos dormían. Aproximadamente eran las 5 de la mañana. Cuando terminé el cigarrillo, bastante asqueada. Nunca he servido para los tubitos estos, siempre me han dado asco. Salí a ver el amanecer y me senté en el patio, hacía mucho frío, pero me daba igual.
Me quedé un rato ahí, luego volví a la habitación y jugué un rato con los fósforos. Ya eran las 9 de la mañana, cuando empezó el movimiento en la casa. El olor a tabaco ya había desaparecido a esa hora. Fingí estar dormida.

-¿Quieres desayunar? –me preguntaron.-
-No todavía, me levantaré más tarde –dije y traté de dormirme.

Cuando abrí los ojos, ya eran las once. Todos habían salido y estaba la puerta de la casa con llave. Suelen cuidarme mucho. Me levanté y comí algo, no mucho tampoco. Seguía intranquila, en serio, nunca me había sentido tan sola. Tomé el último cigarro que tenía, lo empecé a cortar y lo boté a la basura, ya no quería nada con ese asunto del tabaco. Que nauseas.
Me duché rápidamente, vestí del mejor modo que pude, aunque nada me convencía, mi moral estaba algo baja y no me gustaba ni un poco como me veía. Me arreglé de todos los modos posibles, no llegué a nada ¡Menuda situación!

Comencé a dibujar, me dibujé. Me hizo gracia el dibujo, se parecía bastante, pero estaba triste. No muy alejado de la realidad, diría yo. Arreglé bastante el dibujo y lo puse en el escáner. Me hubiera gustado mejorarlo, pero no me quise arriesgar a nada. A nada.
Cuando todo terminó superándome. Encontré unos botes de pintura y comencé a pintar mi habitación, traté de hacerlo cuidadosamente. Los colores se mezclaban entre sí, era un patrón indefinido. Quizás muy psicodélico, también escribí encima de la pared, frases que llevaba en la mente hace días… “No sé bien, que puedo pensar, pero al menos, vivir puedo con alegría, a pesar de los dolores atragantados”.

martes, 11 de diciembre de 2012

Historia I


No sé como podría empezar a escribir algo así, supongo que una descripción mía bastaría, aunque no estoy de ánimos para algo así. Soy mujer, primero que todo, dentro de todo lo que implica es bonito. Cabello rojo y corto, estatura media –¿Media?, lo dudo, mejor dicho muy pequeña-: aunque dentro de todo, no está todo tan mal.


Hay días donde crees que el mundo se destruirá a tus pies y esos días solían repetirse en mi vida, no quería que esto me afectara, pero dentro de todo, por así decirlo, aunque yo quisiera ir a la Luna, sé que no pasará.

-¿Estás bien? –pronunció una voz sutil a mi lado, intenté sonreír. Por lo menos cuando intento parecer bien hago mi mayor esfuerzo.- Lo estoy, ¿Por qué preguntas?
-Te veo decaída mi pequeña, por eso. –Acertaba por desgracia, ese día pasaba algo que no me dejó sentirme mejor. Era imposible.
-No es nada. Lo mejor será que haga cualquier cosa productiva, ¿no?. Nos vemos después. –Y entonces caminé, con una melodía en la cabeza, no sé porque esos días me dio por escuchar a The Beatles, asumo que mucho me gustaban. Comencé a cantar Yesterday en mi cabeza. Eso solo aumentó lo mal que podía sentirme, pero lo amenizó de cierta forma.

Seguía caminando, en ese momento comenzaba a sentirme un pequeño muñeco. Me miré en el vidrio de una vitrina, estaba pálida. Demasiado pálida. Mi corazón necesitaba un descanso en ese momento. Caminé, tomé el bus para llegar a casa, era un camino no muy largo, pero los minutos en ese momento me parecían eternos.

Al llegar uno a casa, trata de dejar todo lo que pasó afuera, ahí mismo fuera, valga la redundancia. Sonreí a mi familia, los saludé con ternura como siempre intento hacerlo, a pesar de cualquier cosa. Comí, estaba hambrienta, demasiado hambrienta. Quizás la comida en cierto aspecto llenaba el vacío que comenzaba a sentir.

-¿Cómo te fue hoy? –siempre está esa pregunta en cualquier instancia. Siempre. Miré a mi madre, con una mueca que parecía una sonrisa.- Me fue bien, gracias.
-¿No crees que has comido mucho? –me preguntó algo preocupada. Le preocupaba demasiado, es normal.
-Comeré este plato y terminaré no te preocupes –dije con un tono de voz bajo.

Luego de eso, traté de estudiar. Ni eso conseguía, lo que leía se esparcía en el ambiente de mi habitación y desaparecía fugazmente. La concentración me estaba fallando en este momento. Tomé un libro, comencé a leer. Pasaron horas, ni idea de cuantas, nunca me fijo en eso. Había terminado el libro, final algo abierto. Algo me seguía intrigando. Revisé mi escritorio, lleno de hojas, resúmenes, papeles, hasta propagandas de por ahí. Me lancé a la cama, no quería nada más en ese momento. Me dormí.

En los sueños me pareció ver muchas personas, personas con sonrisas en sus rostros, deseándome lo mejor, preocupados por mí. Cuando abrí los ojos, era de noche. Quizás las 4 de la mañana, seguía con la ropa, al día siguiente no tenía nada que hacer, así que cogí mi pijama y me lo coloqué. Tuve ganas de llorar, no sé por qué. La oscuridad de mi habitación en ese momento me dejó un mal sabor de boca, toqué mi largo cabello, me sentía extraña.

Entré en el baño, busqué en un cajón y encontré una tijera. La cogí y comencé a cortar mi cabello, lo dejé realmente corto. Tomando en cuenta que lo tenía más debajo de la cintura. Quedó cortísimo, con el cabello hice una trenza, que guardé en mi habitación. No daba más, me duché. Quizás el agua me hubiera ayudado y en parte lo hizo, me sequé rápidamente y volví a mi cama. Miré el techo por largo rato. Las lágrimas corrieron por mis ojos, sin darme cuenta. Cuando una persona se entristece normalmente, recuerda todo lo malo que alguna vez vivió y en efecto, recordé cada momento. Fue terrible.

Finalmente, cerré los ojos otra vez, lo que soñé ni lo recuerdo. Todos dormían, no sé como no escucharon todo lo que hice… Detalles. Después de esa noche tan fría, decidí cambiar algo, más bien, cambiarlo todo. De una buena vez.