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martes, 11 de diciembre de 2012

Historia I


No sé como podría empezar a escribir algo así, supongo que una descripción mía bastaría, aunque no estoy de ánimos para algo así. Soy mujer, primero que todo, dentro de todo lo que implica es bonito. Cabello rojo y corto, estatura media –¿Media?, lo dudo, mejor dicho muy pequeña-: aunque dentro de todo, no está todo tan mal.


Hay días donde crees que el mundo se destruirá a tus pies y esos días solían repetirse en mi vida, no quería que esto me afectara, pero dentro de todo, por así decirlo, aunque yo quisiera ir a la Luna, sé que no pasará.

-¿Estás bien? –pronunció una voz sutil a mi lado, intenté sonreír. Por lo menos cuando intento parecer bien hago mi mayor esfuerzo.- Lo estoy, ¿Por qué preguntas?
-Te veo decaída mi pequeña, por eso. –Acertaba por desgracia, ese día pasaba algo que no me dejó sentirme mejor. Era imposible.
-No es nada. Lo mejor será que haga cualquier cosa productiva, ¿no?. Nos vemos después. –Y entonces caminé, con una melodía en la cabeza, no sé porque esos días me dio por escuchar a The Beatles, asumo que mucho me gustaban. Comencé a cantar Yesterday en mi cabeza. Eso solo aumentó lo mal que podía sentirme, pero lo amenizó de cierta forma.

Seguía caminando, en ese momento comenzaba a sentirme un pequeño muñeco. Me miré en el vidrio de una vitrina, estaba pálida. Demasiado pálida. Mi corazón necesitaba un descanso en ese momento. Caminé, tomé el bus para llegar a casa, era un camino no muy largo, pero los minutos en ese momento me parecían eternos.

Al llegar uno a casa, trata de dejar todo lo que pasó afuera, ahí mismo fuera, valga la redundancia. Sonreí a mi familia, los saludé con ternura como siempre intento hacerlo, a pesar de cualquier cosa. Comí, estaba hambrienta, demasiado hambrienta. Quizás la comida en cierto aspecto llenaba el vacío que comenzaba a sentir.

-¿Cómo te fue hoy? –siempre está esa pregunta en cualquier instancia. Siempre. Miré a mi madre, con una mueca que parecía una sonrisa.- Me fue bien, gracias.
-¿No crees que has comido mucho? –me preguntó algo preocupada. Le preocupaba demasiado, es normal.
-Comeré este plato y terminaré no te preocupes –dije con un tono de voz bajo.

Luego de eso, traté de estudiar. Ni eso conseguía, lo que leía se esparcía en el ambiente de mi habitación y desaparecía fugazmente. La concentración me estaba fallando en este momento. Tomé un libro, comencé a leer. Pasaron horas, ni idea de cuantas, nunca me fijo en eso. Había terminado el libro, final algo abierto. Algo me seguía intrigando. Revisé mi escritorio, lleno de hojas, resúmenes, papeles, hasta propagandas de por ahí. Me lancé a la cama, no quería nada más en ese momento. Me dormí.

En los sueños me pareció ver muchas personas, personas con sonrisas en sus rostros, deseándome lo mejor, preocupados por mí. Cuando abrí los ojos, era de noche. Quizás las 4 de la mañana, seguía con la ropa, al día siguiente no tenía nada que hacer, así que cogí mi pijama y me lo coloqué. Tuve ganas de llorar, no sé por qué. La oscuridad de mi habitación en ese momento me dejó un mal sabor de boca, toqué mi largo cabello, me sentía extraña.

Entré en el baño, busqué en un cajón y encontré una tijera. La cogí y comencé a cortar mi cabello, lo dejé realmente corto. Tomando en cuenta que lo tenía más debajo de la cintura. Quedó cortísimo, con el cabello hice una trenza, que guardé en mi habitación. No daba más, me duché. Quizás el agua me hubiera ayudado y en parte lo hizo, me sequé rápidamente y volví a mi cama. Miré el techo por largo rato. Las lágrimas corrieron por mis ojos, sin darme cuenta. Cuando una persona se entristece normalmente, recuerda todo lo malo que alguna vez vivió y en efecto, recordé cada momento. Fue terrible.

Finalmente, cerré los ojos otra vez, lo que soñé ni lo recuerdo. Todos dormían, no sé como no escucharon todo lo que hice… Detalles. Después de esa noche tan fría, decidí cambiar algo, más bien, cambiarlo todo. De una buena vez.

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