La muñequita de madera estaba ajetreada, pues con tanto que hacer comenzaba a desgastarse. Hizo miles de cosas, caminó mucho, jugó demasiado y no todos los juegos salían del todo bien. Después de una gran cantidad de esfuerzo, la muñequita de manera siguió perfeccionándose constantemente.
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Pequeña –le dijo una anciana de madera: Debes aprender a salir adelante con tu trabajo. Si crees en ti, todo lo que quieras se cumplirá. Si crees en ti, todo saldrá bien pequeña muñeca. No hagas que la tela de tu ropa se destiña. Hazla brillar cada día más.
La muñequita de madera, con vestido de tela roja, asintió con su cabeza. Desde ese día, cada vez que quería hacer algo, se esforzaba aún más. Se había convertido en la muñeca más bonita, la más iluminada. Que tenía las ropas más fulgurosas. Era una gran muñequita. Jugó y jugó, gozando plenamente su vida. No se volvió a sentir nerviosa, ni nada, todo lo que importaba era seguir. Así fue como su vida de muñequita mejoró, siguió bailando, cantando y brillando. Alegrando la vida de todos.
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