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jueves, 27 de junio de 2013

Invierno en la Ciudad.

Las noches eran muy frías y la gente huía a su casa para calentarse, con una estufa o con un amante, honestamente en ese momento eso no importaba para nada. Esas calles en invierno eran horribles, ella lo sabía, pero seguía caminando por ahí sola. En un momento, comenzó a llover, esta lluvia parecía tranquila al principio, pero ella no se imaginó que aumentaría violentamente. Trató de correr lo más que pudo, pero ya estaba completamente mojada. Miró al cielo y suspiró, quizás correr no era la solución. Quizás la solución era quedarse ahí, sin querer arrancar de la lluvia. La calle estaba totalmente vacía en ese momento, hasta que miró al frente, una sombra acercándose tranquila. En otra ocasión hubiese tenido miedo de alguien extraño, pero esta vez era todo distinto. Era un hombre, alto y pálido como la luna. Colocó el paraguas sobre ella y musitó finalmente: ¿Estás bien? Ella quedó mirando los profundos ojos del extraño, sus largas pestañas y sus cejas oscuras. "Estoy bien" dijo, con una larga sonrisa, y su rostro, que muy blanco era fue invadido por un rubor natural. Él, sonrió y la quedó mirando, para esto tenía que agacharse un poco, pues ella no era muy alta que digamos. "Deberías irte a casa, porque puedes enfermarte. Si quieres yo te acompaño a casa, sólo para que llegues bien". La jóven quedó algo impresionada, en otra época hubiese dicho un rotundo no, pero por el contrario, le transmitió una sonrisa amplia, acompañada por un rubor que ya no sólo era de vergüenza, sino que de fiebre: "Si quieres, podemos caminar juntos".
La lluvia se detuvo luego de caminar un rato, aunque un frío desgarrador comenzó. La palidez de ambos se hizo notar aún más, su blancura se comparaba con la de la nieve, con la de la luna en el cielo, y hasta con la del paraguas que él poseía, que era totalmente blanco -y ella nunca había visto uno así-. "Esta es" musitó algo cansada, pero sonriente. Él besó su mano y se marchó, siguiendo un camino largo. Nunca más se vieron, aunque suene sorprendente. Y sobre aquella ciudad sin dueño, nunca más llovió así.


miércoles, 26 de junio de 2013

Detalles.

Sé que es una locura, pero anoche no lo sentía así.

Analicé con cuidado todo lo que había pasado.
Me sorprendió, en verdad.

No podía dormir, mirando aquel lugar;

(donde tu cabeza se posó por un momento)
y simplemente sonreí, chillé un poco; fue extraño.


Analicé la situación una y otra vez
Seguía siendo extraño, pero volví a sonreír.

(parece que estoy enloqueciendo)
Luego de varias vueltas: pude dormir

Posada ahí mismo, donde alguna vez...
Estuviste tú. 

sábado, 22 de junio de 2013

Sonríe ^^

Voy caminando como siempre por este asfalto que ha sido pisado ya tantas veces, mirando los rostros de las personas a mi alrededor, las que pocas veces sonríen, si es que no lo hacen nunca. Muchas veces he querido sonreír directamente a estas personas, mirando sus ojos, para ver si puedo introducirme en su alma y buscar la felicidad que hay dentro de todo ese estrés y desesperación, pero jamás he sido tan valiente como para hacerlo. Aunque eso sí, he hecho otra cosa, sonreír sin pedir nada a cambio, causando en las personas algún tipo de impresión, que a veces es reproducida con una sonrisa nerviosa, sin mucho que decir; no posee la intensidad de una risa infantil llena de sentimientos, ni la de una persona completamente feliz, pero tiene la capacidad de hacerme reflexionar y pensar que quizás el mundo no está tan perdido como yo creía, sino que puede ser ayudado con una sonrisa de vez en cuando, a un completo desconocido en la calle o a alguien que tengas cerca y que siempre veas. Al pensar sobre esto, he tomado una decisión; no dejar de sonreír aunque todo esté saliendo mal, pues cada problema tiene su solución y cada solución, aunque a veces no nos guste es la que necesita el problema. Aunque el suelo se quiebre, el cielo se nuble, el frío aumente cada vez más y el dolor se impregne, no hay que dejar de mostrar la sonrisa que sigue ardiendo dentro de tu alma, la que te dice: Ánimo, el triunfo está cerca.

viernes, 14 de junio de 2013

A través de la verdad de los ojos.

Muchas veces estoy convencida de que todas nuestras verdades se ven a través de nuestros ojos, cuando estamos alegres, cuando no, y es así como he pretendido que mis ojos hablen por mí, que ellos confiesen lo que yo no puedo. Que miren con tanta sinceridad que a través de ellos se entienda, sin dificultad lo que estoy sintiendo tan adentro. Espero que así sea, en el momento que pase, y sigo pensando en eso.
Esta persona, probablemente no se da cuenta de los sentimientos que inspira y quizás nunca se de cuenta, o eso pienso al menos. A veces, al mirar sus ojos siento una completa tranquilidad y sinceridad, pero aún no puedo ver sus verdaderos sentimientos, ya que el contacto visual pondría al descubierto los míos. 
Y así es, usualmente evito mirar sus ojos, porque los míos son peligrosamente sinceros. 

martes, 4 de junio de 2013

Represión.

Existen variados tipos de represión, como aquella que nos hacemos nosotros mismos, y a veces lamentablemente engañarse a si mismo daña, y mucho. Te lleva a hacer cosas que no quieres, a no decir lo que te pasa y a claro, a mentir descaradamente, mirando a los ojos. Siento que hay una bomba a punto de estallar y que cuando estalle dejará varios heridos, no sólo yo, sino todas aquellas personas que están enlazadas a este engaño, esta mentira y los sentimientos totalmente reprimidos. Supongo que si esa bomba estalla, me gustaría ser la única que deba soportarla, que los demás queden a un lado. Quizás de no debí meter a tanta gente en esto, debería haberme quedado callada. Pero ojo, eso sería reprimirme aún más, engañarme a fondo, fingir que nada de lo que siento es real. Convertirme en algo irreal, con sentimientos irreales, con pensamientos que no valen, con una muerte anunciada.