Se escuchaban pasos fuertes en ese gran lugar. ¿Quién estaba ahí?, una muchacha buscando consuelo, se sentía devastada porque no encontraba la tranquilidad que necesitaba, la persona que más amaba estaba lejos de ella, no podía soportarlo más. Corría sin rumbo y comenzó a caminar, cuando vio que no estaba segura de donde estaba.
De pronto, pensaba; ¿Qué será lo que debo hacer ahora?, su confusión era bastante grande, en especial porque se encontraba totalmente perdida, tanto física como mentalmente. De pronto sintió como se escuchaban pasos cerca de ella, intrigada echó un vistazo, al no ver a nadie siguió caminando, hasta que de pronto vio un cuerpo frente a ella, algo más alto que ella. Al mirar hacia arriba, vio unos ojos cubiertos por unos lentes y un rostro tapado por un cabello abundante y oscuro.
-E-Eres tú... -Alcanzó a susurrar, pero él cubrió su boca con sus dedos, acariciando delicadamente sus labios, miró hacia abajo a la muchacha como queriendo examinarla y finalmente la abrazó-: Soy yo, querida -le dijo, a lo que la muchacha se abrazó de él fuertemente.-
-No pensé que te vería, nunca pasó por mi mente -dijo la muchacha con lágrimas en los ojos.-
-¿Por qué te pones triste, mi niña?, ¿no me querías ver? -preguntó el muchacho inocentemente, mientras secaba las lágrimas de la chica-: ¿te molestó mi sorpresa, amor?
-No es eso... es que... No sé; no imaginé que llegaras a aparecer ante mí, tan de repente...
-Jeje -rió levemente el muchacho-: ¿te sorprendí verdad, mi niña? -tomando su rostro-: Bueno, no era mi intensión asustarte, es solo que necesitaba verte y de alguna forma, pude hacerlo; creo que ahora eso es lo más importante. ¿Me concederías recorrer este lugar, pequeña?
-¿Eh?, ¿qué tienes en mente? -nerviosa, dijo la muchacha al mirar sus ojos.-
-Bueno... Nada realmente, a menos que tú quieras algo -contestó él, con un tono distinto.-
-Y-Yo no he dicho nada, eh? . No quieras ponerme en una situación incomoda...
-Mi niña -abrazándola por la cintura-: Yo no quiero hacer nada, que tú no me permitas hacer. ¿Quieres ir conmigo?
-Contigo iría a donde sea -dijo ella escondiéndose en el pecho del muchacho.-
-Bueno -tomando su mano-: Entonces, no me sueltes.
El chico, agarrado de la mano de la muchacha caminó por ese curioso lugar, donde no se veía nadie, era enorme, y parecía estar abandonado; ambos a su vez, estaban con una extraña sensación, comenzaban a sentir frío, en especial ella. Él, la abrigó con su chaleco y siguieron caminando.
-No tienes que pasarme esto, estoy bien... -dijo ella, algo testaruda.-
-Bueno, creo que tienes menos defensas que yo en estas situaciones, eres bastante enfermiza. Además, yo estoy bien, un poco de frío no me hará daño, lo importante es que no te pase nada, no quiero tener que cuidarte después si te da algo grave... -dijo él, apretando su mano.-
-No insinúes que soy enfermiza o algo así. No es verdad -dijo ella, mirando hacia otro lado.-
-No es necesario que te enojes -la abraza y acerca a su cuerpo con rapidez-: Yo solo quiero que estés bien, además, si quieres mantenerte caliente, debes abrigarte; nos encontramos en un lugar bastante grande donde hay mucha humedad, no debes ser tan testaruda. Mejor veamos si habrá una pieza o algo así.
-¿Para qué necesitas una habitación? -dijo ella, sonrojada.-
-¿Quieres hacer algo, pequeña?, porque solo la quería para ver si habían mantas o algo para abrigarse...-dijo él, fingiendo inocencia.-
-No quieras hacerme quedar a mí como la que imagina cosas. Se bien lo que quieres hacer. -dijo ella, muy roja.-
-Entonces, hagámoslo.
-¿Eh? -dijo la muchacha con el corazón disparado-: ¿Qué dices?
-Eso, según tú, quiero hacer algo. Y según yo, tú también, entonces... ¿Qué opinas?
-Bueno, yo... -nerviosa-: Quisiera hacer el amor contigo. -y al terminar esta frase, comenzaron a brotar lágrimas de sus ojos. Él se percató y las secó inmediatamente.-
-¿Te pasa algo, mi bello ángel? -dijo mientras acariciaba el rostro de ella.-
-Bueno, no sé como explicarlo... Siento que quizás, no debería decirte esto. ¿Te molestan mis deseos?
-En lo absoluto -la acercó mucho a él-: En lo personal, tus deseos son los míos.
Esa frase recorrió frenéticamente el cuerpo de la muchacha. Ambos subieron una escalera que estaba ahí, se encontraron con una habitación, que no estaba nada de helada como el lugar en sí; o posiblemente ellos ya no sentían el frío de hace un momento.
-Entonces, ¿qué harás? -dijo la muchacha, algo nerviosa.-
-Creo que podríamos quedarnos aquí, ¿qué te parece?
-¿Quedarnos a dormir aquí?, ¿no es algo peligroso?
-Mi niña, puede que sí; pero yo no permitiré que nada malo te pase. ¿Vale? -acaricia su cabeza.-
-De ser así, está bien... -sonrió ella y cerró sus ojos un momento-: Y bien, ¿qué harás con respecto a nuestra conversación, amor mío?
-En lo personal, esperé mucho para este día. Ha sido mucho tiempo el que te he esperado, y ahora que estás junto a mí, es difícil reaccionar de una manera. Pero bueno, no me queda nada más que hacer.
Con cuidado, él besó los labios de la muchacha y fue introduciendo con cuidado su lengua. Ella, con cuidado succionaba la lengua de él, y daba leves mordidas. La forma en que él se estremeció fue notoria y algo extraña. Él, con cuidado llevó a la muchacha a la cama con mantas que se encontraba en esa solitaria habitación, a la cual solo llegaban los rayos que emitía la Luna y el fulgor de las estrellas.
Delicadamente, él quitó la blusa de la muchacha y el sostén; al descubierto quedaron unos pechos jóvenes, que parecían haber cambiado de vírgenes a voluptuosos, y más aún cuando eran lamidos y tocados por el hombre que estaba en ese momento agarrado a ella, con las entrepiernas cuidadosamente juntas, y más cuando finalmente él dejara a la muchacha sin nada más que la piel a la vista, y no diferente a él mismo. Con la mayor delicadeza se introdujo en su amada muchacha, dejando notar en sus ojos pequeñas lágrimas, y no era para menos; él era el primero que descubría la femineidad de ella, y quien provocaba la excitación en su cuerpo.
Con sumo cuidado, fue entrando en ella, una y otra vez; ambos se comportaban de modo peculiar con el acto que hacían y los sentimientos que brotaban. Él con ternura besaba profundamente a su amada, y no solo eso, sino que recorría su cuerpo, ese cuerpo que haya completamente virginal y que sucumbía a las pasiones provocadas por él. Era curiosa la forma en que ambos se entrelazaban, provocando una unión cósmica, nunca antes experimentada. Mientras sus cuerpos se volvían uno, los rayos de la penetrante Luna entraban por esa pequeña ventana, dejando a los amantes con una luz tan profunda, que hacía que la oscuridad de la habitación fuera menos fuerte.
Con cuidado, él le abrazó por detrás, besando su espalda y oliendo su cuello. El cansancio era evidente. La mirada de la muchacha estaba completamente enrojecida, aparte de cansada. Él, enrojecido y sudado, abrazaba a su amante con plena dulzura.
(♥)


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