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jueves, 14 de enero de 2016

Caído del Cielo


Un ángel cayó del cielo, pero hay que decirlo, no era cualquier ángel. Él venía sin alas, sin brillo sobre su cabeza y sin un traje blanco o algo así. No era como otros ángeles, era hermoso como todos, y con una sonrisa que derretía la mantequilla en el pan, el chocolate para un postre, el hielo más frío que podía existir. 

Esta pequeña y dulce criatura era más de lo que podría haber imaginado, hacía detenerse a cualquier corazón para luego hacerlo latir con la mayor intensidad. Un arcángel sin alas, un bello hombre que resplandecía más que el mismo sol. Tanta era su maravilla que provocaba los más dulces suspiros y el mayor deseo. Deseo de llevarlo hacia las maravillas de las profundidades del universo y quedarse ahí para siempre, correr en las estrellas, recostarse en las nubes y amarse con la intensidad de dos amantes hambrientos el uno del otro. 

Cuánta pasión desborda de ambas almas que se han encontrado, de aquel ser que cayó sobre sus brazos y la convirtió en diosa. Tanta alegría y deseo inunda su pequeño corazón, lleno de un amor que jamás imaginó.


(Midori & Watanabe - Tokio Blues)

Para cierto tipo de personas, el amor surge con un pequeño detalle. Y, si no, no surge
— Tokio Blues, Haruki Murakami

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