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domingo, 18 de marzo de 2018

La caída de una torre

Apareciste en uno de los momentos más difíciles para mí, y créeme que creí que venías a salvarme, a ayudarme a salir adelante y demostrarme que todo podía estar mejor, porque yo valía muchísimo y porque tú querías ser ese compañero que no había podido poseer realmente. Alimenté el deseo de obtener de ti la mayor de las alegrías, teniendo días maravillosos, conversaciones que llenaban el alma y construyendo dentro de mi corazón una pequeña ilusión, que venía a barrer con cada momento angustiante vivido por meses. Realmente te creí, confié en cada palabra que salía de tu boca, en cada muestra de afecto, en esos ojos que brillaban y ese corazón que golpeaba con una inmensa fuerza en la intimidad. Sin embargo, sucedió, y como un castillo de cartas, piezas de dominó o incluso, una torre de jenga, sólo hubo que mover un elemento para que todo se desmoronara, casi tan rápido como se iba construyendo. Con excusas vacías y miedos comprensibles, pero sin fundamento, corriste de mí muy fuerte y muy lejos, apelando a que no podías ver más allá de tu presente, que la inseguridad era mutua, que no podía ser. La angustia, la ansiedad y el temor volvió, y creerlo resultaba realmente complicado, hasta que me regalaste otros momentos de paz, mostrando, a tu manera, arrepentimiento y dejando la impresión de que no era lo que realmente querías. Mantuve la esperanza en que querías intentarlo pero no sabías cómo, pensé en esperarte, en confiar en que tus sentimientos eran reales y que sólo debía esperar a que pudiéramos volver a estar juntos. Esperé, no había día donde no pensara en que las cosas podían volver a ser un paraíso. Pero esperar no fue la solución, y con la espera llegó el silencio y me evitaste, como quien ignora la lluvia en la madrugada porque tiene el sueño pesado, como quien ignora los truenos porque le aterrorizan. Así, la torre volvía a caer. Y cuando te vi, el dolor regresó, más al pensar que ese cariño se había vuelto odio, o peor, que jamás había existido cariño alguno. Y lo vi, en tus ojos y tus palabras, un rencor que calaba en lo profundo de mis entrañas, unas frases que se ensartaban como agujas en mi espalda, demostraciones de desdén, de rencor, de rabia y asco. Así entendí, entendí y duele haberlo entendido, que no podía hacer nada, que nunca regresaría el espíritu amable y dulce que había acogido en mi pecho por semanas, que acariciaba mi piel con delicadeza, que besaba mi ser con brío; aquello jamás volvería, porque quizás había sido falso o simplemente se había muerto. Así como murió un poco de mi propio espíritu siendo utilizado por las inseguridades, el dolor y el miedo a cometer más y más errores. Hoy busco resucitar, alejarme de ti y de tu esencia que no hizo más que pudrir gran parte de mi corazón, que hoy late con dificultad, abrazado únicamente por aquellas personas que siguen buscando la luz que poseo dentro. 
Creator's Playground: Grafolio

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