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miércoles, 11 de septiembre de 2019

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Este día hace contemplar la mayor de las tristezas, y es que es tan extraño tener que enfrentar un día como hoy con "normalidad", asistiendo a tu lugar de trabajo o de estudio, dejando un poco de lado tu emocionalidad. Es que, ¿cómo se hace? Si es un día oscuro, que representa la mayor de las penurias, el mayor terror, el odio y la desesperación se hacen carne a cada hora que pasa, y las memorias florecen en nuestros corazones, y tenemos rostros tristes, como sabiendo que no queremos estar donde estamos, que debemos estar en compañía de quienes, a diferencia de nosotres, lo sufrieron en carne propia.
Cuando me preguntan si el Golpe o la Dictadura afectaron en mi familia, es difícil no responder que sí. Recuerdo conversaciones desde niña con mi abuela diciéndome la forma despiadada en que mi abuelo no volvió a la casa el día 11, pero que aunque milagrosamente pudiese hacerlo después, ya nada era lo mismo, y ya nada era lo mismo porque él estaba marchito, y fue tanto el dolor y el desgarro, que años después abandonó su cuerpo para emigrar a las estrellas.
Es difícil pensar que no te afecta, si no has visto llorar más de tres veces en toda tu vida a la mujer que te dio a luz, porque es impensable para una niña saber que a su madre la despojaron de cada ápice de su dignidad siendo una adolescente. ¿Cómo te recuperas de la tortura? ¿Cómo continúas tu vida después de eso? No sé cómo no admirarla, pero a la vez no sé cómo protegerla de sus recuerdos, de su dolor.
Entonces, ¿qué hacemos cuando nos enfrentamos a la indiferencia del resto? L-s otres parecen tan lejanos, incapaces de comprender la desesperación, la tristeza que genera despertar un día 11 del mes 9 y ver que todo sigue igual, que hay quienes siguen esperando, que hay quienes siguen gimiendo de dolor en algún lugar, buscando a aquellas luces que un día se apagaron. Que seguimos esperando que un día, podamos recuperar lo que se nos arrebató.
Pero, para hacerlo, hay que recuperar la memoria, y no olvidar. Este dolor es de todes, y no es posible quedar al margen. Por todes quienes cayeron, por mi abuelo, por las memorias de mi familia y su dolor contenido. Hoy, más que nunca, que quede claro, que las mujeres no olvidamos ningún golpe. 

jueves, 9 de mayo de 2019

Las calles nuestras


«Ahora le digo "te quiero", sin que eso signifique dejar de quererme a mí» - Vivir sin depender
Nos apoderamos de los sitios cotidianos y los hacemos nuestros.
Como si no importara, como si por aquellas calles transitadas, no viviera la máxima esencia del agobio, del estrés, del dolor.
Nos tomamos cada sitio, cada esquina, en la cual me abrazas, me besas, me miras con esos ojos profundos, con esa complicidad tremenda. 

Conquistamos veredas, paseos, semáforos, entradas y salidas.

Tenemos todo, vivimos a mil, siendo nosotros. 

domingo, 10 de marzo de 2019

Despertares violentos

A medida que el espíritu dormido comienza a padecer insomnio, que el hielo imperturbable pasa a un proceso de ebullición, en donde las células que te componen comienzan a burbujear, con energéticas vibraciones, palpitaciones violentas y vorágines que se desplazan a través de tu cuerpo.
La fuerza de este tornado dentro de ti cada vez es mayor, acumulándose, esperando, de una vez, acabar con todo.

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domingo, 10 de febrero de 2019

Consumirse


Existe un fuego dentro (de mí) que la mayoría de las veces yace apagado, inmóvil. 
Pero, ¿qué hacer cuando pareciera que está consumiéndote?
Un ardor tan profundo, un palpilar tan intrépido, un cuerpo derritiéndose. 
El hambre regresa, a niveles que pareciera ser un pecado.
Entonces, ¿será posible? 
¿Será posible probar aquello que de ti se desprende?

silenceforthesoul:  Rogelio de Egusquiza - Tristan and Isolt, 1910 (detail)

martes, 15 de enero de 2019

Tanto, tanto.


¿Qué haces cuando crees que realmente puede funcionar?
Me cuesta tanto, tanto dejarme llevar, y a la vez, quisiera sumergirme al máximo.


Noches en las que siento un calor suave, una tensión que apasiona, una ternura que encanta. 
Me gustaría, tanto, tanto observar tus ojos y buscar una respuesta llena de cariño, ver aquel rostro tembloroso, que se ruboriza y juega con sus manos cuando está nervioso. 
Pero, ¿cómo hacerlo? 
¿Existe un método rápido, indoloro y fugaz de decir lo que sentimos sin tener miedo?

Tal parece que no, y que esta valentía tendrá que surgir tarde o temprano.

domingo, 2 de diciembre de 2018

(Re)viviendo sentimientos



Después de sentir, tan, tan fuerte, ese sentimiento de tristeza, de miedo y soledad.
Después de ver el deseo tan lejano, tan inexistente, tan vacío.
Después de todo eso, me vi volviendo a desear a un otro.
Me vi ahí, mi cuerpo quemándose en sí mismo, temblando ante lo que mi mente le mostraba, imaginando a ese otro, de frente, tangible, carnal, inexplicable.
Y no entendí, ¿cómo pasó esto? Que hace nada ante mis ojos no eras más que un buen amigo, que por mi cabeza no hubiese pasado la idea de encerrarte en mi cabeza y desearte, que antes nunca cuando me hablabas se me agitaba el pecho, me temblaban las piernas, se me apretaba el cuerpo entero.
Hoy pasa, cada vez que existe la mínima probabilidad de hablar, de verte, de oírte. Sin embargo, me aterra, me paraliza, me inquieta sentirlo. Porque es tan probable que correspondas, como imposible a la vez. Porque no puedo engañarte, y sin querer en cualquier momento te darás cuenta.
¿Qué hacer ahí? No tengo la respuesta.

domingo, 25 de noviembre de 2018

De frente al espejo

Me encontraba en un Coloquio, maravilloso, por cierto, en donde hablaríamos del territorio cuerpo y de la menstruación, del clítoris, del orgasmo femenino. Temas que muchas veces omití en mi vida, no porque no quisiera saberlo quizás, las dos respuestas que se me ocurren en este momento son la vergüenza y la ignorancia: vergüenza de tocar y conocer mi cuerpo; ignorancia sobre las cosas que están dentro de él y que podía llegar a sentir. Recuerdo que las expositoras en algún momento dijeron que si teníamos la oportunidad de mirarnos la vulva con un espejo, lo hiciéramos, porque únicamente así comenzaríamos a aprender de nosotras mismas y de lo que tenemos.
Han pasado días desde este encuentro, y las ganas de aventurarme en esta especie de misión fueron creciendo con el pasar de las semanas. Mientras lo pensaba, al mismo tiempo recordaba, extrañamente, cuántas personas pudieron ver aquel espacio entre mis piernas que yo jamás había observado. Recordé, torpemente, que cuando había tenido sexo la primera vez ni siquiera sabía dónde debía entrar mi pareja. Me reí, pensaba que me había limitado a muchas cosas por temor o por no saber que podía hacerlo.
Esa noche, todo cambió. El calor era insoportable, al menos para mí, que no lo puedo tolerar. Recordé un espejo que me habían regalado, de esos para sacarse las cejas o las espinillas, tal vez ambas. Lo abrí, con dificultad y me quité la parte de abajo del pijama. Abrí mis piernas y vi mi vello frondoso y crespo, oscuro y grueso. Mis labios, gordos, como la mayoría de mi cuerpo, cubriendo todo. Lo abrí, y ahí estaba, similar a lo que pensaba, rosada y sensible. Pasaron por mi cabeza todas las personas que la llegaron a tener de frente y pensé, ¿qué habrá pasado por su cabeza en ese momento? Era un espectáculo, una nueva experiencia, algo indescriptible.
Luego de eso, sentí un picor extraño por dentro. Me volví a vestir, apagué la luz, y volví a tocar, ahora, y para siempre, con un imaginario de lo que estaba haciendo.