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viernes, 19 de abril de 2013

Fantasmas Nocturnos.

Como cada noche, pretendía acostarse y dormir, descansar ya que seguramente al otro día tendría miles de cosas que hacer, se cansaría, lo normal; su vida no presentaba cosas más interesantes -pensaba ella-. Cuando finalmente se acostó, sintió un escalofrío, lo asoció a que estaba algo destapada, no hacía tanto frío, se cubrió con sus frazadas y se aferró, sintió nuevamente el escalofrío, aunque más que eso era una cosquilla. Su piel se erizaba, era acariciada de forma ligera, le encantaba como se sentía, era novedoso, interesante. Se acostó con el estómago pegado a la cama, después de moverse constantemente, luego de eso sintió el roce en su espalda, como un soplido, una respiración. Fue una noche agitada, no comprendía en lo absoluto lo que había ocurrido, no tenía claro si su piel era demasiado sensible al ambiente o si realmente, alguien le había hecho compañía.


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