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domingo, 28 de abril de 2013

La Solitaria Virgen


Caminaba, tranquila y despacio; sin prisa, al parecer ¿Prisa? ¿Qué prisa iba a tener?, no tenía en lo absoluto algo que hacer. Se encontraba sola, en una ciudad tan grande como Santiago, caminando en la oscuridad del centro, viendo a su alrededor, parejas que se demostraban el amor de modo intenso y fulguroso. Implacablemente. Ella, tan pálida y pequeña, caminaba mirando a todas estas personas que se amaban, pensando “¿Seré digna yo, de un amor similar a este que las parejas se expresan con tanta pasión y dulzura?”. Suspiró, sublime en su perfecta pero triste soledad. 

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