Caminaba, tranquila y despacio;
sin prisa, al parecer ¿Prisa? ¿Qué prisa iba a tener?, no tenía en lo absoluto
algo que hacer. Se encontraba sola, en una ciudad tan grande como Santiago,
caminando en la oscuridad del centro, viendo a su alrededor, parejas que se
demostraban el amor de modo intenso y fulguroso. Implacablemente. Ella, tan
pálida y pequeña, caminaba mirando a todas estas personas que se amaban,
pensando “¿Seré digna yo, de un amor similar a este que las parejas se expresan
con tanta pasión y dulzura?”. Suspiró, sublime en su perfecta pero triste
soledad.
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