Ella, algo menudita de poca estatura, pero de una apariencia que dejaba esos detalles mínimos se acercó a su joven pareja, que la esperaba algo impaciente. Se fijó cuidadosamente en cómo se encontraba vestida ella, con unos pantalones sutilmente ajustados y una ancha camisa. Cuando ella se acercó, notó como su imaginación comenzaba a trabajar y su lo que reaccionó en su anatomía era prueba de ello. La muchacha, sonriendo lo saludó:
-Hola amor, ¿qué pasa? –preguntó riendo juguetonamente.-
-Nada –dijo él con la cara ardiendo-: ¿cómo estás, mi niña?
-Bien –dijo sentándose a su lado-: ¿me extrañaste? –preguntó mirándolo y poniendo su mano en la pierna de él.-
Asintió con la cabeza sonriendo, luego comenzó a analizar con cuidado a su amada. Comenzó por sus ojos, oscuros, que estaban llenos de brillo. Luego vio su nariz, ligeramente imperfecta pero que mostraba ternura; con cuidado examinó su boca, sus labios gruesos y rosados, con los que a ratos jugaba, ya fuese moviéndolos o pasándoles la lengua lentamente, esto igual estimulaba un poco la imaginación de él. Miró su cuello, blanco al igual que todo su cuerpo y llegó a sus grandes pechos que hacían notar la curva en su abdomen, no era precisamente delgada pero eso no parecía importarle. Miró sus piernas, que estaban ligeramente abiertas dejando notar cada detalle de sí mismas, al portar dichos pantalones.
Ella detuvo su análisis tocando su mejilla y haciéndolo reaccionar. “¿Qué piensas?” le preguntó rompiendo el silencio. Él solo la miró haciendo que en los ojos de ella se reflejara su mirada, se acercó cuidadosamente y rozó sus labios con los de ella besándola de a poco. Ella intensificó un poco el beso, jugando con la lengua y en ocasiones succionándola. Algo agitado él susurró algo a su oído: “Necesito hacerlo ahora” fue lo que dijo. Ella se sonrojó bastante, pero no se sorprendió, con dulzura le dijo “Vámonos a casa, no habrá nadie que nos moleste”.
Tuvieron que tomar locomoción para llegar pronto a la casa, les costó bastante aguantar esas ganas que tenían de amarse el uno al otro, y en tuvieron que moderarse. Llegando finalmente a la casa, decidieron cerrar bien la puerta y entrar a la pieza de la muchacha. Era una pieza no muy ordenada, pero la cama estaba ordenada, como nunca lo estuvo.
-¿Estabas consciente de que esto pasaría, amor? –preguntó él mientras apegaba a su joven amante a su cuerpo.-
-De todas maneras quería traerte a que durmieras hoy conmigo, si pasa algo más no es porque lo haya planeado yo –sonrió y mordió los labios de él.-
Sin más preámbulos acostó con cuidado a la muchacha sobre la cama y se colocó sobre ella, desabrochando la camisa que traía, se dispuso a besar el abdomen de su amada, subiendo a donde estaba eso que molestaba su tránsito, los sostenes de ella. Levantó con cuidado a la muchacha desabrochando la prenda y quitándola finalmente, así dejó ver los pechos de su amada y comenzó a jugar con ellos.
Cada cosa que hacía provocaba fuertes gemidos en ella, los que él disfrutaba cada vez más, y así mismo intensificaba las cosas que hacía en ella. Su muchacha se estremeció cada vez más, tal parece que no podía controlarse. Él, sonrió y besó sus labios con ternura.
-Te amo –dijo mirándola a los ojos.-
-Yo también te amo, mi vida –dijo ella sonrojada y nerviosa.-
Él comenzó a bajar los pantalones de su princesa y los sacó con cuidado. Su ropa interior, con tiernos dibujos que causaron un sonrojado aún mayor en él, después de todo ella era todavía una niña, cuya mirada evidenciaba aún más eso, porque mostraba una ternura cuidadosa, a pesar de tener ciertos deseos y pensamientos.
Quitó con cuidado la ropa interior de su niña, dejándola completamente desnuda ante sus ojos, iba a quitarse su propia ropa, cuando ella tomó sus manos.
-Yo lo haré por ti –dijo sonriendo.-
-Está bien… -dijo él nervioso.-
Ella observó sus ojos, que irradiaban tanta ternura y esa boca, que tan buen sabor tenía para ella. Quitó la camisa que él llevaba de a poquito, dejando ver el torso de su amado, al cual le hizo cariño con cuidado. Con un gesto le dijo que se ordenara, para quitarle la parte de abajo, él así lo hizo. Ella desabrochó sus pantalones y los sacó, observando su ropa interior que mostraba cierta parte de la anatomía bastante levantada. Quitó la prenda con cuidado, y ambos quedaron completamente desnudos.
Ambos se miraron a los ojos con gran rubor en el rostro, se analizaron completamente el uno al otro, hasta que él se colocó sobre ella, aunque ella lo miró y giró de tal forma que quedó sobre él.
-A-Amor… ¿Quieres estar arriba? –dijo él nerviosa al ver sentir el cuerpo de su niña desnudo y apegado.-
-¿Te molesta? –dijo sonriendo.-
-No… Al contrario.
Él puso sus manos en la cintura de ella y con una señal se ordenaron para comenzar. Él empezó con su trabajo y ella, a moverse encima de él, provocando aún más excitación en los dos. Mientras hacían esto, ella de alguna forma se abrazó a él, lo besaba y le hacía sentir cada parte de ella en él. Él recorría a su pequeña con las manos y la ayudaba a moverse con más intensidad; los dos gritaban y gemían, a ratos con mucha más fuerza.
Súbitamente él se ganó encima de ella y comenzó a recorrerla con su boca, llegando a ese lugar que estaba completamente húmedo, el que con su lengua saboreó por unos minutos, provocando aún más intensos gritos y movimientos en ella, quien llegaba a querer formular oraciones, relacionadas con el amor que le tenía, o simplemente pidiéndole que se detuviera.
Con una sonrisa él la miró, ella sin control de sus propios actos comenzó a hacerle lo mismo a él y llegó, a ese lugar que seguía despierto, completamente despierto. Se dispuso a saborearlo también, metiéndolo en su boca y llenándose con el sabor que tenía, provocando igualmente en su joven amante, gritos de euforia y pasión.
Cuando se detuvo se abrazó a su muchacho, sonriéndole y acariciando su rostro, el cual se encontraba ardiendo y sudado. Él aún estaba algo agitando, pero al mirarla sonrió y la abrazó por detrás, respirando justo en su cuello, provocando cierta sensación en ella, quien se sonrojó nuevamente. Él con sus manos acarició el abdomen de ella y agarró sus pechos, apretándolos un poquito. Se notaba que todavía tenía ganas de seguir amándola.
-¿Q-Qué haces…? –preguntó ella nerviosa.-
-Sentirte –aseveró mientras continuaba y olía el cuello de ella-: Siento el cuerpo de mi amada.
Ella no dijo nada, pero emitió varios sonidos, provocando que él insistiera en seguir jugando con sus pechos y mordiendo el cuello de ella. Por su parte, ella se dejaba tocar, y con sus piernas le hacía cariño a su joven amante.
-Eres perfecto –dijo ella.-
-Tú eres perfecta mi vida –dijo, mientras dirigió su mano a la entrepierna de ella y comenzó a meter sus dedos.-
Ella se movió hacia atrás con un chillido, él prosiguió. Nerviosa ella, no buscó otra opción que llevar su mano a aquel miembro que duro y levantado se encontraba y acariciarlo, como él lo hacía con ella. Los gemidos de él los escuchaba muy bien, gracias a la cercanía en que estaban. Además, el mordía su oreja mientras cometía sus actos.

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