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martes, 28 de agosto de 2012

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Has de guardar y estimar la mujer buena como se guarda y estima un hermoso jardín que está lleno de flores y rosas, cuyo dueño no consciente que nadie le pasee ni manosee: basta que desde lejos y por entre las verjas de hierro gocen de su fragancia y hermosura (El Quijote de la Mancha)

Una rosa blanca creció en un jardín oscuro, nadie notaba su presencia, por culpa de la intensa oscuridad. Un día, un muchacho caminaba sonriente y de lejos, notó su presencia, fue a donde esta se encontraba y logró cegarse con su belleza. La tomó entre sus delicadas manos y la llevó con él.

La dejó con un poco de agua, en un rojo florero, donde la observaba constantemente, la cuidaba con delicadeza y solo anhelaba algo, estar siempre a su lado. 
Entonces una noche, ocurrió, él ya no era hombre, sino una rosa, una rosa de color negro. 
Ya no se encontraba en su casa, ni estaba la rosa blanca en el florero; ambos se encontraban en el lugar donde la encontró, entrelazados y deslumbrantes, muchos los veían al pasar y notaban la belleza, de dos rosas que irradiaban intenso amor.





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