Las palabras suelen ser flechas, lanzadas con una perfección innata.
Como un Guillermo Tell llegas a mí con tu habilidad desbordante.
Destruyes lo que queda de mis sueños en pedazos.
Como trozos de manzana quedan estos esparcidos por el suelo.
Trato de recogerlos para armarlos de nuevo, pero...
Estos nunca más volverán a armarse y tendrá que nacer una nueva manzana.
Y sí, es difícil; y sí, lo hiciste sin previo aviso.
Y sí, tú no me ayudarás a recoger ni un trozo; tampoco a que nazca de nuevo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario