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miércoles, 20 de febrero de 2013

Lobo.

Su olfato no era tan fuerte como el de él, aún así lo sentía presente. Sintió unas escurridizas manos tocar sus anchas caderas; se ruborizó. La cercanía era cada vez más fuerte, un dulce fuego comenzó a quemarlos, era algo nunca antes sentido. Él olfateó. El olor de ella le gustaba mucho. Sintió unos fuertes colmillos en su cuello, no la lastimaba, sólo marcaba. Las grandes y peludas manos se deslizaron por cada rincón.
Buscaban algo, pero aprovechaban todo lo que iban tocando. Los ojos de ella se abrieron súbitamente, el color marrón de ellos brilló aún más. En su espalda sentía un amplio pecho, más abajo todo el espíritu del Lobo.

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