Pensé que estaba ocultando cada vez más lo que sentía y en
parte así era, tengo un arcoíris de emociones que no controlo fácilmente, donde
una persona resulta aparecer constantemente, sin razón aparente, no comprendo
en sí la razón de estas apariciones. El frío me obliga a aumentar la ropa, ya
sean unos abrigos o más frazadas en la cama, pero nada quita el frío verdadero,
el sentimiento congelado, la soledad en forma de cristal incrustado. El cielo
llora y deja al cielo oscuro y húmedo, como el interior de mi pecho; lo único
que mueve mi corazón es la ansia por la vida, la lucha por el otro, la
esperanza del triunfo, lo que a veces lo detiene son los obstáculos, la
soledad, la cobardía. Cobardía sí, el temor a correr los riegos, las ganas de
salir corriendo, la garganta que tiembla cuando la boca trata de gritar y el
inconsciente que se aleja cuando lo quieren atrapar. Los pies cansados y
marchitos, de tanto buscar, la ilusión en el suelo de tanto saltar, la locura
en aumento, para no pensar más.
(La Vida es Sueño)

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