Fue un día bastante frío, donde una duda me dominaba, necesitaba vencer mis miedos y lograr hacer algo que hace tanto tiempo quería hacer y en efecto, lo logré. La satisfacción fue enorme y potente. Cuando entré al lugar olvidé por completo quién era, actué solamente. Sin miedos.
"Tenga un buen día" fue una frase que se impregnó en mis sentidos al momento de escucharla, una sonrisa inocente apareció en mi rostro, mirando a la persona que más me llamaba la atención en ese lugar; la sonrisa creció y finalmente yo me fui.
La lluvia había aumentando y llegar a casa se me hacía difícil, pero eso no importaba porque mi corazón se mantenía agitado, tanto así que meter los pies en el más hondo charco de agua no importó, el agua corría por todo mi cuerpo mojando intensamente todo a su paso; nada importaba porque yo estaba en cierto sentido muy feliz. Y esta felicidad, aún no desaparece.
No hay comentarios:
Publicar un comentario