A veces uno pretende imaginar cómo podrían ser algunas cosas, mejor dicho, la mayoría del tiempo nos las pasamos imaginando situaciones que pueden pasar o no. Aunque para explicar esto de una manera más precisa podríamos decir que lo que imaginamos normalmente no ocurre, sino que de alguna forma las situaciones diarias tratan de llenar el vacío por aquello que no pasó como querías que pasara. Es como cuando imaginas una conversación con una persona y luego te da la impresión de que el oyente parece no tomar importancia a lo que te mataste pensando en tu cabeza probablemente el día anterior. O peor, sientes temor al decir las cosas que probablemente hubieses dicho en tus sueños y cambias el tema, evitas dirigir la mirada a quien te escucha, olvidas todo ese tiempo planeando la conversación perfecta y todo se va a la basura. Es normal. Tal vez dio buenos frutos, pero no los que hubiera dado si hubieras seguido al pie de la letra lo que tú mismo pensaste, ¿no es verdad?
A pesar de esto, no se recomienda sufrir si no sigues adecuadamente a tu mente y corazón de vez en cuando, porque la mayoría de las veces es probable que consigas más con una conversación interesante y espontánea que con algo demasiado elaborado, ¿no es mejor así? Pensar en lo que podría ser mejor es bueno, pero debes dejarle un poco de trabajo a la capacidad de desenvolverte con los demás.
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