~Seguidores

martes, 21 de octubre de 2014

Que en el recuerdo quede Octubre.

Desde el primer día de este curioso mes, tenía esa sensación en el estómago de que podría ser un mes difícil y doloroso... ¿Por qué? Bueno... Hace unos meses nació un ángel precioso, que en su forma humana un día 25 hubiese ascendido un peldaño más en la corta pero gruesa escalera de la vida. Para mi tristeza, y la de muchas personas, la luz de sus ojos fue más efímera de lo que hubiésemos querido, pero el fuego de su espíritu sigue ardiendo en cada uno de nuestros corazones, de sus hermanas de alma, y claro, de su alma gemela. A lo que intento ir con toda esta introducción a un texto que me cuesta mucho escribir, es que este mes, con sus sorpresas y abruptos, de manera violenta y prematura, de un día para otro, muy precipitadamente, se dio el lujo de llevar a los cielos a dos nuevas estrellas, a dos nuevos ángeles, que probablemente ahora están acompañando a aquel muchacho, que en cuanto cambió su forma terrenal a una inmaterial supe que se preocuparía de cuidar por mí, por nosotras para ser más específicos. Y claro, ahora deben estar ahí, juntos, hablando quizá, ¿qué cosas podrían salir en esas conversaciones? Muchas, claro. Más cuando pienso que se han reencontrado con personas que siempre quisieron volver a ver.

Intento no intranquilizarme, y pensar que de alguna u otra forma, los tengo tras de mi, guiándome ahora en estos momentos tan difíciles y complejos en mi vida, donde no tengo idea qué dirección tomar, donde me tiemblan las manos por no saber lo que será de mi en un futuro. Me alegra pensar que probablemente ellos, donde sea, ya sea atrás mío o desde una mirada más lejana, están susurrándome al oído las cosas que debo tomar en cuenta antes de cometer los errores que cometo, antes de decir las palabras que digo. Por eso estoy muy agradecida de ellos, y me siento muy contenta por tenerlos, aunque no de forma material.
Y quizás... Dentro de toda la esperanza, existe aún una gota de remordimiento y de rabia, ya que, a estas personas las aproveché tan poquito, o quizás no fue eso, sino que no hubo momentos precisos, pero si bien fueron pocos, fueron perfectos. Aún así, siempre quedará la sensación de que aquellas promesas no pudieron ser, que ese abrazo no se pudo dar, que esa canción no se pudo aprender. Y espero, que en su estado de pureza, ellos puedan perdonarme de la forma en que yo no consigo hacerlo.

Este mes parece querer irse más a prisa, al menos desde mi punto de vista, así que le deseo un buen viaje, y nos vemos en un año más. Donde las lágrimas que aquí han brotado, seguirán aquí en los ojos, más renovadas, más nuevas, pero, probablemente en ese momento, habrá una razón más para sonreír, con ustedes dentro del corazón y sus espíritus quemando nuestro pecho. Con dulzura recordaré, con alegría trataré de seguir caminando hasta el infinito, donde todo habrá valido la pena, y veré rostros celestiales llenos de alegría y un orgullo perfecto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario