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miércoles, 29 de octubre de 2014

Carta abierta al varón chileno

Querido y supuesto "macho alfa" chileno (porque a pesar de todo, podríamos decir que aún te quiero):

Con pesar escribo esas líneas este día, ya que tristemente me he topado con algunas cosas un tanto desagradables que has hecho últimamente.
Ya es cuestión de siglos, que a veces tienes problemas de comportamiento, y es una pena tener que recordar cosas así, por eso, escribo más que nada para pedir ciertas explicaciones. ¿Qué es lo que pasa, eh? He visto como te diriges de muy mala manera a tu compañera material, lo que le dices cuando la ves pasar y las cosas que haces, ¿no te sientes aunque sea un poquito avergonzado? ¿Por qué derramas las lágrimas de tu fiel doncella?

Qué penoso me resulta, que luego de tantos años no hayas aprendido que la fémina no se viste con poca ropa para causar o llamar la atención, y si algunas lo hacen, son una minoría. Te querría informar, que la mayoría de las veces, las personas usan poca ropa por nada más que calor, porque el sol pega bastante fuerte los días de primavera y del verano. Me resulta una necedad que quieras culparla a ella, cuando eres tú quien no controla sus propios instintos, y a la vez, la reprimes a ella de mostrar los suyos. ¿Te gustaría acaso, que ella hiciera lo que haces tú? ¿No te resultaría incómodo, oh, chiquillo necio? Porque lo que haces no es un halago en lo absoluto, sino que dejas a la fémina como alguien vulnerable y en peligro, más cuando eres muchos años mayor que ella y pretendes coquetearle... De verdad, ¿no te sientes siquiera un poco avergonzado por esa actitud tan reprochable? Asco me produce muchas veces dicha actitud altanera, queriendo intimidar a tan gentil muchacha, sabiendo que ella no siempre puede defenderse.

La muchacha no anda con shorts para verse mejor, anda así porque los pantalones cuando hace calor no son para nada cómodos. La chica no anda con vestido para llevarse más piropos, anda así porque le gusta vestir de esa forma. La moza no viste con escote para llamar más la atención, lo hace porque se siente cómoda con lo que ella misma es, y cree que puede hacerlo. Nosotras no estamos buscando deslumbrar ante ustedes, al menos, no siempre, y aunque así sea, ustedes no pueden hacer lo que les de la gana con nosotras, porque no es así como se hacen las cosas. Admire cuanto quiera, pero no invada el espacio del otro, no intente tocar y apretar, puesto que así es usted quien queda peor. Y ojo, ahórrese sus obscenidades, porque nadie tiene interés de oírlas, menos a plena luz del día en un lugar concurrido.

Le saluda atentamente, la dama chilena. 


martes, 21 de octubre de 2014

Que en el recuerdo quede Octubre.

Desde el primer día de este curioso mes, tenía esa sensación en el estómago de que podría ser un mes difícil y doloroso... ¿Por qué? Bueno... Hace unos meses nació un ángel precioso, que en su forma humana un día 25 hubiese ascendido un peldaño más en la corta pero gruesa escalera de la vida. Para mi tristeza, y la de muchas personas, la luz de sus ojos fue más efímera de lo que hubiésemos querido, pero el fuego de su espíritu sigue ardiendo en cada uno de nuestros corazones, de sus hermanas de alma, y claro, de su alma gemela. A lo que intento ir con toda esta introducción a un texto que me cuesta mucho escribir, es que este mes, con sus sorpresas y abruptos, de manera violenta y prematura, de un día para otro, muy precipitadamente, se dio el lujo de llevar a los cielos a dos nuevas estrellas, a dos nuevos ángeles, que probablemente ahora están acompañando a aquel muchacho, que en cuanto cambió su forma terrenal a una inmaterial supe que se preocuparía de cuidar por mí, por nosotras para ser más específicos. Y claro, ahora deben estar ahí, juntos, hablando quizá, ¿qué cosas podrían salir en esas conversaciones? Muchas, claro. Más cuando pienso que se han reencontrado con personas que siempre quisieron volver a ver.

Intento no intranquilizarme, y pensar que de alguna u otra forma, los tengo tras de mi, guiándome ahora en estos momentos tan difíciles y complejos en mi vida, donde no tengo idea qué dirección tomar, donde me tiemblan las manos por no saber lo que será de mi en un futuro. Me alegra pensar que probablemente ellos, donde sea, ya sea atrás mío o desde una mirada más lejana, están susurrándome al oído las cosas que debo tomar en cuenta antes de cometer los errores que cometo, antes de decir las palabras que digo. Por eso estoy muy agradecida de ellos, y me siento muy contenta por tenerlos, aunque no de forma material.
Y quizás... Dentro de toda la esperanza, existe aún una gota de remordimiento y de rabia, ya que, a estas personas las aproveché tan poquito, o quizás no fue eso, sino que no hubo momentos precisos, pero si bien fueron pocos, fueron perfectos. Aún así, siempre quedará la sensación de que aquellas promesas no pudieron ser, que ese abrazo no se pudo dar, que esa canción no se pudo aprender. Y espero, que en su estado de pureza, ellos puedan perdonarme de la forma en que yo no consigo hacerlo.

Este mes parece querer irse más a prisa, al menos desde mi punto de vista, así que le deseo un buen viaje, y nos vemos en un año más. Donde las lágrimas que aquí han brotado, seguirán aquí en los ojos, más renovadas, más nuevas, pero, probablemente en ese momento, habrá una razón más para sonreír, con ustedes dentro del corazón y sus espíritus quemando nuestro pecho. Con dulzura recordaré, con alegría trataré de seguir caminando hasta el infinito, donde todo habrá valido la pena, y veré rostros celestiales llenos de alegría y un orgullo perfecto.

jueves, 16 de octubre de 2014

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Hoy saqué una interesante conclusión:
Con esa mirada que tiene, hasta el hambre se quita.
O quizás da otro tipo de hambre, hambre de él yo diría.
¿Qué puedo hacer, eh? 

Se me eriza el alma cada vez que escucho su voz.
Y, cuando me habló de esa forma, pensé caerme ahí mismo.
Definitivamente quita el hambre, pero aumentan las ganas.

Ganas de comerlo a besos, por qué no. 
Ganas de no haberme ido, de haberme quedado ahí.
De haber respondido algo más decente en vez de sólo sonreír.
Tal vez eso hubiese estado mejor...

miércoles, 8 de octubre de 2014

Escribo, aunque me cuesta.

Hoy, más que nada, he hecho algunos análisis y analogías extrañas... De por sí, pensé en el porqué de un fenómeno curioso, ¿notaron que hoy el viento golpeaba con más fuerza de lo normal? No sé si a ustedes les pasó o lo sintieron en el rostro, pero un viento feroz golpeaba hoy... Pero no quiero tomarlo un golpe, he decidido tomarlo como algo más ameno, siento que cuando el viento está tan violento no son más que los miles de besos de las personas que están ahora enviándonos su cariño desde arriba, en forma de viento, de un sol brillante, o de un día nublado, porque estos no son ni mejores ni peores que los días de sol. 
Empiezo lo que quería escribir de esta forma tan extraña, porque aún me cuesta articular palabras, aunque sea mediante las letras y no mi voz, que si intentara decir algo se encontraría aún más frágil que mis dedos al escribir... Que mis manos en este momento. 
Un montón de recuerdos me asaltan con dulzura y nostalgia, y más que recuerdos, tanto olores como sonidos... Es curioso decirlo así, ¿olores? Seguro, cada vez que entraba a ese auto era el mismo olor, y a veces la radio, que sería uno de los sonidos. El mismo auto a veces hacía sonidos, que marcaban conversaciones llenas de sonrisas y curiosidades... Miles de sonidos, esos golpes fuertes a la puerta, y además, el tierno sonido de la música, que ha sido y siempre será parte de nosotros, de él, de mí, de todo. 
Estoy completamente agradecida de todo lo que viví y sentí gracias a él, y siento un pequeño orgullo de la persona que me he convertido, esperando que él también lo estuviese y que... lo siga estando, porque para mí él era una persona tremenda, y siempre lo será. 
Apelando a lo difícil que me es escribir me detendré, con un nudo de cosas por decir y por hacer, pero con una idea clara en mi mente, seguir cosechando el camino que hemos formado todos y no detenernos jamás. 

sábado, 27 de septiembre de 2014

Un pequeño gran dolor.

Hoy quiero contarles una historia, una historia de afectos, como la mayoría de las historias que existen. La historia de un cariño que saca sonrisas y al igual desgarra el corazón sin tener ningún respeto por lo que está dañando... Una historia de algo que más allá de la mente, no pasa, y parece que nunca pasará.
De pequeño corazón es ella, un corazón pequeño para un cuerpo muy diminuto... Una persona pequeña, con un corazón pequeño, pero con sentimientos grandes, tan grandes que superaban el tamaño de su misma persona. Anhelaba con locura a un cuerpo mucho más grande que ella, y más que a su cuerpo a todo lo que él era, su cuerpo, su alma, su interior... Todo le parecía bien, y su considerable tamaño era perfecto para resguardarle a ella, y a su cuerpo pequeño. Era el tipo de protector perfecto, con brazos grandes y sentimientos grandes, ardiente como él mismo, acogedor y atrevido.
Y bueno... Al decir todo, todo suena casi perfecto, ambos encajan y se complementan, quizá. Pero... Esta persona pequeña no era capaz de dejar que sus grandes sentimientos le salieran de adentro, porque hay cierto factor que siempre detiene a las personas antes de iniciar el camino hacia lo que desean, el execrable y lacerante miedo. Que con sus garras de ave rapaz te saca de adentro a su antagonista la valentía, que está impaciente por saltar a aquella persona con todas las dulces palabras y caricias que en el interior deseas propinarle. Y es así, como, ese pie, antes de moverse, tiembla, porque el miedo le dice que debe temblar, y así, la pequeña, con su pequeña valentía desolada por no lograr su cometido, se van alejando más y más, con las palabras en la boca, la lágrima a punto de salir, el temblor en sus labios... ¡Las ganas de gritar como si no existiera mañana! Oh, y cómo desearía gritar. Y no sólo me refiero a gritarle sus sentimientos. A gritar todo lo que tiene dentro, y a gritar, gritar y seguir gritando bajo el peso de su cuerpo, siendo manoseada y arrullada, cual instrumento en una orquesta, tocada con dedicación, temple y entusiasmo. Frenéticamente, para no decir menos.
El miedo hace, que se trague las palabras claro, y que los gritos queden únicamente en los adentros de su conciencia, en el lado más lascivo de su mente y sus pensamientos. ¡Oh, maldición! Qué tristeza daba la pequeña a quienes pudiesen notar su aire triste, una tristeza vestida de fiesta, que sólo al estar cerca de su gran adoración conseguía esa intensidad en el alma. Esa manera en su pecho vibraba, esa presión, como si su pecho fuese a explotar... Era un dolor que le gustaba... Un masoquismo perfecto, sus ojos apreciaban la silueta de dicha persona, lo veía a lo lejos y sus latidos aumentaban, el dolor en su pecho crecía más y más, y le gustaba... Lo disfrutaba. Quizás, en espera de un dolor que también disfrutaría entre sus brazos.
¡Oh, pequeña!, ¿qué hacer? No hay más opción que ser honesta, aunque tu pequeño corazón se rompa.

miércoles, 13 de agosto de 2014

La magia de los ojos

Las personas suelen hablar demasiado sobre los ojos, sobre lo que ellos demuestran y transmiten... Y a veces, lo que guardan, pero... ¿Qué guardan en realidad? Todos los que manejamos un poco más el tema sabemos cómo está compuesto un ojo, pero no estoy aquí para hablarles de eso, hay otras personas capacitadas para ello. Yo únicamente quisiera saber porqué estos luceros nos traicionan de vez en cuando, porque para nuestros ojos no todos son iguales... Hay unos que desatan un brillo más intenso, otros, uno más tenue... En ellos está todo, cuando aceptamos algo, cuando nos negamos, cuando queremos ser honestos o cuando mentimos descaradamente. Ellos guardan los mayores secretos y sin querer pueden revelar uno que otro.

viernes, 1 de agosto de 2014

Errores

Hay muchas veces que ni nosotros mismos comprendemos los actos que cometemos... ¿Qué?, es muy cierto... Más de una vez contestaste algo sin querer, aceptaste algo a pesar de que no querías aceptarlo... Son miles de errores que se cometen más a menudo de lo que las personas creen y sin embargo nunca dejamos de hacerlo. ¿Es que acaso somos demasiado torpes? No creo que esa sea la real respuesta, más bien, estamos concentrados en demasiados pensamientos como para darnos cuenta de que a veces estamos haciendo idioteces... Es como negar algo que es completamente obvio ante los ojos de cualquiera que te esté mirando, o evadir situaciones, todo esto son pequeños errores que van aumentando o a veces disminuyendo, y a pesar de todo, parece que la vida continúa a pesar de todo lo que decimos, pero... ¿Es tan correcto hacer eso? ¿No has perdido cosas importantes por eso? ¿O has tenido que hacer algo que no querías? Tal vez no es tan importante y darle importancia es otra equivocación. Pero dentro de nuestro modo de ser a veces está la brutalidad de hablar a lo loco, negar a lo loco, aceptar a lo loco, y básicamente hacer demasiadas cosas a lo loco... Un círculo vicioso... Niega todas las veces que quieras, o miente de manera impulsiva, de todas formas las cosas no cambiarán, y si cambian será bueno, o eso creen algunos.