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viernes, 21 de septiembre de 2012

Sueños.

Ambos iban caminando hacia la casa donde él estaba. Ella, estaba con su uniforme, hacía calor así que no estaba muy abrigada, pero moría de calor con esa ropa tan gruesa.
Cuando llegaron a la casa, él le ofreció comer. Ella, le pidió si podía cambiarse antes.

-¿Me acompañas, por favor? -dijo ella tiernamente.-
-Claro -dijo él y la acompañó a la habitación donde dormía.-
-Traje una ropa ligera, ya avisé en casa que estaré acá. ¿Está bien?
-Quédate el tiempo que quieras -contestó él.-
-Gracias. ¿Podrías bajarme el cierre? -dijo agarrándose el cabello.-
-Seguro -contestó él nervioso.-

Algo sonrojado, él bajó el cierre del uniforme de la joven. Ella se quitó este y cuando quiso quitarse la camiseta, el sostén de la muchacha se levantó, dejando sus pechos a vista del joven, quien quedó asombrado. Antes de que ella pudiera arreglarse, él ya había acercado su rostro a los atributos de la muchacha y comenzaba a sentirlos.
Muy nerviosa, ella enrojeció completamente. Al darse cuenta de lo que había hecho, él la miró nervioso y bajó su prenda.

-Disculpa, no sé que me pasó -dijo desviando la mirada.-
-No te preocupes -le dijo colocándose una blusa verde con detalles-: No me molestó, viniendo de ti. -sonrió-: Pero se nota que ver eso te afectó -rió levemente.-
-Nada, que ver... -contestó muy rojo-: Mejor, vístase mi niña y vamos a comer.

Ella quedó con la antes mencionada blusa y unos pantalones cortos. A los ojos de él se veía hermosa. La llevó a la mesa y le sirvió un plato de fideos, los que ella se comió encantada.

Cuando acabaron de almorzar, ambos se miraron. Ella le ayudó a lavar los platos, ordenaron la mesa. Cerca de la casa había un parque infantil, a esa hora había pocos niños. Él, sugirió ir para allá, a ella no le molestó y accedió. Fueron y él se sentó en un columpio, ella, en sus piernas.

-Espero que esto no se vaya a caer -rió-: ¿Estás incomodo?
-No... -dijo él nervioso-: ¿Crees que sí?
-Siento algo -lo miró picaronamente.-
-¡Ah! -muy nervioso contestó-: Si tú no fueras así conmigo, eso no pasaría -miró hacia abajo nervioso, pero se encontró con algo-: Amor... -más rojo.-
-Dime, te ves más nervioso que antes. ¿Qué pasó?
-Tus pechos, realmente son grandes -susurró y la miró a los ojos-: Son igual de hermosos, que cada rincón de ti -la besó tiernamente.-
-Mi niño -muy nerviosa-: Gracias por eso -sonrió-: Se me ocurrió una idea.

Revisó la pequeña carterita que traía y sacó su cámara fotográfica.

-Mira al frente conmigo -dijo apuntando la cámara hacia ambos-: Que no te de vergüenza.
-Estas cosas me ponen nervioso -dijo-: pero está bien -apoyó su mejilla a la de ella y sonrió.-

Ya sacada la foto, ambos la vieron. Ella sonrió.

-Sales muy lindo, mi niño. -lo miró-: La guardaré y la veré cuando te eche de menos.
-¡Ah, mi niña! -dijo él nervioso y rió un poco-: Qué cosas dices...
-Lo que haré -lo besó-: Y si fuera posible, podríamos ir a la casa a terminar lo que querías hacer.
-¿Qué cosa? -desvió la mirada.-
-Tú sabes a que me refiero. -dijo ella fingiendo enojo.-
-Lo sé -le dijo mientras acercaba las manos hacia los atributos de la muchacha y apretaba-: Si quieres podemos hacerlo.

Ella se levantó y lo miró, le tendió las manos para que se pusiera de pie. Él obedeció y ambos se fueron caminando con las manos entrelazadas y apretadas.

Cuando llegaron a la casa, entraron a la pieza donde él dormía. El muchacho la recostó en la cama, comenzó a besarla y quitó la parte de arriba de su ropa. Apretó sus senos y los mordió algunas veces, provocando gritos fuertes en la joven.

Poco a poco, los dos fueron quedando desnudos, recorriendo uno el cuerpo del otro. Se abrazaron con fuerza y se sintieron. Él, se ganó con fuerza sobre ella, apoyó fuertemente su cuerpo y comenzó a entrar en ella.

-¡Ah! -dijo ella agitada-: Esperaste mucho, ¿no es así?
-Demasiado -dijo mirándola y la besó-: Te necesitaba, mi niña.
-Yo también a ti -dijo con dificultad- pero amor, no digas nada. Que tu cuerpo hable por ti.

Con estas palabras él supo que hacer. Comenzó a entrar con fuerza y acariciar con las manos otros lugares del cuerpo de su pequeña princesa.  Se miraban a los ojos con potente atención; a ambos les estaba ardiendo la cara, de tal manera que al tocarse se sentían mucho más acalorados.

-¿Estás bien, mi niña? -dijo y pasó la lengua por su cuello.-
-Sí, estoy bien... -dijo ella dejándose llevar-: Me gusta sentir esto contigo.
-A mi también -dijo apoyando la cabeza en su pecho-: Es tan blandito y suave -pensó-: No quisiera alejarme nunca de aquí, de su cuerpo, de su abrigo. Así no tendré frío nunca más, sentiré su suavidad y lo delicioso que es cada rincón de su cuerpo. 
-¿En qué piensas? -dijo ella haciendo cariño en su cabello.-
-En ti. -aseveró.-
-¿Qué es lo que piensas? -lo miró.-
-En que, quiero estar siempre contigo -sonrió y volvió a apoyarse en ella.-
-Curioso es como terminamos aquí. Él, con la cabeza en mis pechos, llenandome de este calor extraño, pero que no quiero perder. Está encima de mi, y no quiero que salga por ningún motivo. Quiero abrazarlo por más tiempo, tenerlo conmigo siempre. -pensaba ella mientras lo abrazaba.-
-A-Amor -dijo él con la cabeza en su pecho-: No aprietes tan fuerte... -dijo nervioso.-
-Discúlpame -dijo soltándolo-: Estaba pensando.
-No es que me haya molestado -muy rojo-: pero no sé, me dio vergüenza.
-¿Prefieres que me vista ahora? -dijo en voz baja.-
-No. Quédate conmigo un poco más -dijo ordenándose y abrazándola por detrás-: Quiero estar pegado a ti.

Así los dos se quedaron abrazados y finalmente, durmieron.



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