Sus ánimos solo eran sostenidos por unos brazos, quizás a simple vista se veían débiles, pero eran todo menos eso. La fuerza de él era capas de sostenerla física y mentalmente.
Como él, nadie le daba ese tipo de ánimo. Era un ánimo específico, el ánimo de una persona que ama a otra. Al mirarla, atinaba a sonreír, mientras ella se atoraba con estos miles de pensamientos.
¿Dónde podría encontrar alguien similar?: Ni pensarlo.
"Eso explica el ánimo que has tenido estos días, pero no te sientas así. Yo confío en ti." Eran las palabras que escuchó, atenta y detenidamente para comprender que realmente era así, no tenía que tener miedo de nada, porque estaría su fuerza, aumentando la suya."¿Te pasa algo?", dijo él comprendiendo que la muchacha estaba aferrada a sus pensamientos, lo miraba, pero no ponía atención a lo que le dijo, sino que atravesaba de cierta forma su mirada tan profunda, tanto que podía ver cada rincón de su alma. Al darse cuenta de lo ida que estaba, parpadeó, lo miró sonriendo y dijo: "Está todo bien".
De la mano caminaban tranquilos, casualmente sus dedos iban cada vez más enlazados. "Me doy cuenta de que estás más tranquila", dijo sonriendo el joven muchacho. Ella, por su parte estaba más que nada nerviosa, así que lo miró por unos segundos, y bajó la mirada, con ese rostro blanco ruborizado y ardiente. "Muchas gracias por todo lo que hiciste por mí", le dijo aún mirando el suelo, sus zapatos.
"No te pongas nerviosa", le dijo él, abrazándola por detrás, oliendo su cuello. "Todo lo he hecho porque me importas, y bien sabes lo que siento por ti", prosiguió y acarició delicadamente su rostro.
Pasaron unas horas, estaban los dos recostados en la cama que compartían hace un tiempo. Ella, dormía aferrada al cuerpo masculino que le acompañaba. Abrió los ojos y encontró los de él mirándola con demasiada atención, algo de rubor apareció en sus mejillas y con dificultad intentó pronunciar palabras: "¿Me has mirado hace mucho tiempo?". "De hecho, te he mirado desde hace años", dijo él son una sonrisa dulce, acariciando la ardiente y suave mejilla de ella. Con cuidado, se colocó encima de ella, acercaron miradas con ligereza, él comenzó a besar su cuello, morder sus orejas y besar repetidas veces sus labios, provocando aún más nerviosismo y cierto estremecimiento en ella. "Estás más nerviosa que de costumbre, quizás eso me de más ánimos para hacerte todo el cariño posible esta noche", dijo él abriendo cuidadosamente la ropa de la joven.
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