A
veces su alrededor parecía un gran abismo que no podía controlar, aún así
siempre intentaba tener una sonrisa en el rostro. En especial en su presencia.
“¿Estás bien?”, le preguntó al verla meditar, ella atinó a sonreír, como
siempre hacía en ciertas ocasiones, se apoyó en su hombre cerrando los ojos. “No
es nada importante, solo pensaba en todo lo que ha pasado hasta ahora”,
respondió ella, mientras por su mente pasaron miles de pensamientos, desde el
primer día, hasta ahora. El tiempo pasaba realmente rápido.
“Me
siento feliz de que estés conmigo, pequeña”, fue lo que él dijo, antes de
simplemente mirarla a los ojos, acariciar sus mejillas que estaban tibias, pero
al borde de aumentar su calor.
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