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jueves, 28 de marzo de 2013

Cuento primero: Compañera de trapo.

Había una vez una muñeca enamorada de su dueño, pero no era cualquier muñeca, era una muñeca de trapo, que el muchacho a quien le pertenecía había creado en su niñez. La cuidaba minuciosamente, arreglando sus cabellos de lana, volviendo a coser sus ojos de botón. Era invaluable para él. Ella, desde el momento en que lo vio por primera vez, donde se encontraba en sus manos, siendo adornada por él, vestida con el traje más hermoso existente, supo que no quería alejarse de él nunca, lo quería demasiado y le gustaba admirarlo, cuando sonreía con los sucesos inesperados buenos, cuando dormía profundamente, ya fuese por pleno acuerdo consigo mismo o por el gran cansancio que le era estudiar cada noche, los grandes y pesados libros que leía. Todas esas cosas le llamaban mucho la atención, las admiraba en cierto aspecto.

Ese dueño, tan dedicado a su más grande trabajo, un día empezó a actuar de modo extraño, la muñeca pasó un par de semanas sin ser tocada ni vista por él, él sólo leía y escribía cosas, que luego rompía. Algo le inquietaba y ella lo sabía. Una noche, mientras él dormía, trató de leer un papel medio arrugado que estaba en su escritorio, y entonces este papel decía "Creo que me he enamorado", al menos, eso se podía entender solamente, el resto de lo escrito estaba con borrones. La muñeca sintió un fuerte dolor en su pecho (de trapo, evidentemente); no estaba muy segura de lo que le estaba ocurriendo, pero dolía. Vio que su dueño comenzaba a despertar y quedó inmóvil. Su dueño se levantó, con la mirada cansada y unas ojeras tremendas, vio a la muñeca encima de la carta a medio romper, una lágrima brotó y calló por su mejilla. Casi como un susurro, musitó "No logro entenderlo, creo que nunca habrá alguien capaz de sentir algo por mí".

Luego de un suspiro, tomó a la dulce muñeca en sus manos, la acarició, como hace días no lo hacía, una débil sonrisa apareció en su hermoso rostro. La muñeca sonrió, él se extraño ¿Será? ¿La muñeca le estaba sonriendo? Quizás la falta de sueño empezaba a afectarle. Aún así, le regaló una sonrisa... "Creo que eres la única capaz de amarme, pequeña" dijo, algo más animado. Las fuerzas de esta muñeca, volvieron, nuevamente sonrió. Él, la llevó consigo, se acostó y durmió abrazado a ella; se sentía mucho mejor, tanto él como su pequeña muñeca.


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